Texto bien desordenado, escrito de forma pulsional, rápida, y probablemente mal redactada y hasta un poco desvariante.Advierto que será la tónica de este blog.
Desde el primer momento que pisé por vez primera un día de Marzo del 2000 las dependencias del Instituto Nacional como alumno, hasta el día de hoy, nunca me importaron mucho las rivalidades de los colegios "emblemáticos". A lo más de repente un par de tallas, pero siempre entendidas como tales. Más allá del folclorismo, la verdadera rivalidad es justamente la que realmente importa y que hace diferencias reales y concretas en todo ámbito de la convivencia social: la rivalidad de clases. Si, de clases, eso que la mariconería progre-liberal dice que ya no existe y solo es posible reivindicar los derechos de fumar marihuana por las calles y culear al aire libre.
El 2004 hubo una final de un torneo que definía el equipo que representaría a Chile en el Mundial de Fútbol Escolar de Dinamarca: Instituto Nacional versus Verbo Divino. Fue en San Carlos de Apoquindo, y recuerdo que fue mucha, mucha gente a alentar a los cabros de la rama de fútbol del colegio. En parte porque varios teníamos amigos ahí en la cancha, en parte porque ya dos años antes el Instituto había hecho la gracia de ir a un Mundial de esa especialidad (en Shangai). Pero muy potente era el encanto especial de ganarle en alguna cosa que fuera a los que lo tienen todo, a los que ganaron en la vida desde que nacieron, a los que en la cancha insultaban a los cabros de nuestro colegio con grandes epítetos como "hijos de nanas" (y no es chiste).
Todo este desvarío tiene que ver con una crítica general: siempre me molestaron los alumnos y egresados del Nacional que creen que el colegio es una marca, que hay que defenderlo en su calidad de marca, de manera fetichista, contra la amenaza de la "sopaipilla con ají" (Aplica) o la "zanahoria" (Lastarria). Ciertamente también me indignan los que asumen la otra posición, la de "ay es que el Nacional es malo porque los profes me tratan por el apellido y exigen pelo corto", porque si, entre 4200 estudiantes más miles de egresados hay de todo, y ciertamente también hay intelectualoides hiperventilados que argumentan desde la teoría o las revistas que leen y no desde las contradicciones materiales que marcan el diario devenir.
Porque justamente son esas contradicciones materiales las que ameritan que a un colegio como el Aplicación haya que defenderlo. El derrumbe del piso es algo particularmente gráfico y cruento, pero refleja una crisis estructural en casi todos los ámbitos imaginables. Crisis que no es en absoluto nueva, y que no es en absoluto privativa del Aplicación. La notoriedad mediática que han adquirido este año las situaciones, primero del Instituto, y luego del Aplica, no puede soslayarse. No son en absoluto hechos aislados: eso, amigos, es la educación pública; esas son las cosas que en los colegios con nombre de avión pasan todos los días, y que por tener menos "nombre" pasan piola. Pero algo queda claro: la educación está cayéndose a pedazos. Desde el Instituto Nacional hasta el último Z-1500, se hace cada vez más imposible de ocultar la precariedad y el abandono en que se encuentran sumidos, sumado a los golpes de gracia que nuestra clase política y los expertos educacionales, los Brunner, los Matte, quieren asestarles de una vez y para siempre. Esto personalmente me ha servido para que la manga de weones que tantas veces me dijo "ay es que tu colegio es elitista", cuando digo que no tienen idea de lo que es haber estado en salas que se llovían con agua del baño del piso de arriba, sepan que no mentía ni exageraba nada.
Así que muchísima fuerza a los compañeros del Liceo de Aplicación que vieron interrumpido abrupta y terriblemente su 4º Medio, como también a los que tendrán que estar poco menos que de allegados en el edificio de la Universidad de La República, que por cierto es una universidad al borde de la muerte, donde cientos de cabros precarizados no tienen idea de si la carrera que están estudiando seguirá existiendo el próximo semestre.
AGUANTE CANARIOS!!
Saludos de un burro.
El 2004 hubo una final de un torneo que definía el equipo que representaría a Chile en el Mundial de Fútbol Escolar de Dinamarca: Instituto Nacional versus Verbo Divino. Fue en San Carlos de Apoquindo, y recuerdo que fue mucha, mucha gente a alentar a los cabros de la rama de fútbol del colegio. En parte porque varios teníamos amigos ahí en la cancha, en parte porque ya dos años antes el Instituto había hecho la gracia de ir a un Mundial de esa especialidad (en Shangai). Pero muy potente era el encanto especial de ganarle en alguna cosa que fuera a los que lo tienen todo, a los que ganaron en la vida desde que nacieron, a los que en la cancha insultaban a los cabros de nuestro colegio con grandes epítetos como "hijos de nanas" (y no es chiste).
Todo este desvarío tiene que ver con una crítica general: siempre me molestaron los alumnos y egresados del Nacional que creen que el colegio es una marca, que hay que defenderlo en su calidad de marca, de manera fetichista, contra la amenaza de la "sopaipilla con ají" (Aplica) o la "zanahoria" (Lastarria). Ciertamente también me indignan los que asumen la otra posición, la de "ay es que el Nacional es malo porque los profes me tratan por el apellido y exigen pelo corto", porque si, entre 4200 estudiantes más miles de egresados hay de todo, y ciertamente también hay intelectualoides hiperventilados que argumentan desde la teoría o las revistas que leen y no desde las contradicciones materiales que marcan el diario devenir.
Porque justamente son esas contradicciones materiales las que ameritan que a un colegio como el Aplicación haya que defenderlo. El derrumbe del piso es algo particularmente gráfico y cruento, pero refleja una crisis estructural en casi todos los ámbitos imaginables. Crisis que no es en absoluto nueva, y que no es en absoluto privativa del Aplicación. La notoriedad mediática que han adquirido este año las situaciones, primero del Instituto, y luego del Aplica, no puede soslayarse. No son en absoluto hechos aislados: eso, amigos, es la educación pública; esas son las cosas que en los colegios con nombre de avión pasan todos los días, y que por tener menos "nombre" pasan piola. Pero algo queda claro: la educación está cayéndose a pedazos. Desde el Instituto Nacional hasta el último Z-1500, se hace cada vez más imposible de ocultar la precariedad y el abandono en que se encuentran sumidos, sumado a los golpes de gracia que nuestra clase política y los expertos educacionales, los Brunner, los Matte, quieren asestarles de una vez y para siempre. Esto personalmente me ha servido para que la manga de weones que tantas veces me dijo "ay es que tu colegio es elitista", cuando digo que no tienen idea de lo que es haber estado en salas que se llovían con agua del baño del piso de arriba, sepan que no mentía ni exageraba nada.
Así que muchísima fuerza a los compañeros del Liceo de Aplicación que vieron interrumpido abrupta y terriblemente su 4º Medio, como también a los que tendrán que estar poco menos que de allegados en el edificio de la Universidad de La República, que por cierto es una universidad al borde de la muerte, donde cientos de cabros precarizados no tienen idea de si la carrera que están estudiando seguirá existiendo el próximo semestre.
AGUANTE CANARIOS!!
Saludos de un burro.
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