sábado, 16 de mayo de 2009

Vacío

Sábado en la noche. Estoy perdedoramente frente al PC, aún tosiendo con flema (pero ya menos). Y sobretodo, con una extraña sensación de vacío, con cierta tristeza por lo que se fue y no volverá. No, no se trata de un escrito en el cual daré cuenta de mis últimamente frecuentes crisis reales e imaginarias, así que si al lector casual no le gustan, puede suspirar aliviado. Estas líneas, y aquella sensación, se deben a que hoy (en realidad anoche, pero bajarlo de internet implica verlo un día después) ha llegado a su fin una serie increíble, que me ha acompañado mucho durante los últimos años. Ha terminado Prison Break. Y hay que rendirle un homenaje como corresponde.

Es extraña esa sensación de vacío de cuando algún producto cultural con el cual uno se ha involucrado en términos de consumo pero sobretodo en términos afectivos, cesa su producción para siempre. Harry Potter me provocó algo similar, y realmente fue el fin de una etapa, que empezó a los 12 años leyendo "La piedra filosofal". Y aquí pasa algo parecido.

No recordaba cual fue la última vez que vi específicamente una serie que me gustara llegar a su final-final-final (Friends no cuenta, la empecé a ver mucho después). Ahora hace un rato lo recordé gracias a un amigo: fue con Dragon Ball GT. Fue un final pésimo, muy recontra mamón, Goku yéndose al cielo montado en el Dragón, al cual solamente le pidieron que reviviera a la gente que había matado no recuerdo qué villano, pero no que reconstruyera los daños materiales, "para que la gente lo haga con su esfuerzo". Pero también después de verlo tuve esa sensación, de ver como esa fuente de emociones infantiles emitía su último fluido. Después me fui a clases (iba al colegio en la tarde por entonces).

Toda la serie ha sido increíble. Recuerdo noches hasta sumamente tarde en el verano santiaguino de hace como dos años viendo capítulos, cosa que resultaba incluso cansadora, por lo tremendamente adrenalínico de la serie, pero adictiva al máximo. Sin duda Prison Break está dentro de las mejores series humanas que he visto (Lost no cuenta porque es divina e incuestionable).

Y su final, específicamente su final... fue notable. Confieso que se me mojaron un poquitín los ojos. No diré nada más para no spoilear, pero me tengo que detener en el tremendo pedazo de personaje que es Michael Scofield. En una serie llena de violencia descarnada como la suelen tener las series gringas, el gran héroe, el que se logra salir con la suya contra viento y marea, no es el que tiene más fuerza física, sino el inteligente, el estratega. El enorme genio creativo de Scofield se impone a toda la maquinaria de millones y mercenarios armados de La Compañía. Y es por lo brillante que es este personaje en cuestión. Si las series fuesen un partido de fútbol, Michael Scofield sería una especie de Pibe Valderrama: un genio, que piensa la jugada dos segundos antes que el resto, y siempre se le ocurre algo impredecible, un pase perfecto, un golazo imposible.

Aparte de su genio impresionante, otra cosa que hace gigantesco a Michael Scofield es su emotiva frialdad. Es un personaje con un profundo amor por los suyos, superior, con mucho, al que se tiene a si mismo. Y es un amor sincero, no expresado con cariñitos efectistas, sino en siempre buscar la mejor solución para salvarlos a todos, y en un sacrificio a toda prueba, jamás eligiendo el camino fácil, desde el momento en que se metió a la cárcel con los planos de la cárcel de Fox River tatuados para sacar a su hermano.

En fin. Gracias por todo Prison Break!

"Be the change you want to see in the world"
(pequeño spoilercito codificado)

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