En mi último viaje a Buenos Aires (que además es el primero) me compré, entre otros, el que actualmente está siendo mi libro de cabecera. Se llama “Futbologías: Fútbol, identidad y violencia en América Latina”, fue editado por CLACSO el año 2003, y consiste en una compilación de artículos de cientistas sociales de toda América Latina respecto del fútbol en sus múltiples dimensiones como fenómeno social en las diversas partes de la región.
Todo esto, además de que cuando leo algo interesante me gusta comentarlo, lo pongo porque sirve mucho para ilustrar la situación actual de Colo Colo. Yendo directamente al grano, lo que quiero decir es que rechazo rotundamente todas las explicaciones ancladas en que “los weones son pajeros y no mojan la camiseta”. Son explicaciones absolutamente psicologicistas, generalmente provinientes de gente que jamás ha visto un partido entero del Cacique este año. Son reflejo de lo que es Chile, como decía un amigo mío en su blog, “un país con una confianza enorme en weás mágicas, motivacionales, sicológicas, es decir, no modernas, tradicionales, etc., el típico “poner huevos”. O sea, nada intelectual, todo es pulsión, “improvisación” como dice el mismo Bielsa”.
Pero lo principal, es que simplemente no son ciertas. Y al imponerse tanto en el discurso de cierto sector del periodismo, terminan por esconder que al final el factor fundamental ha sido la ausencia más absoluta de claridad desde el banco (por eso la referencia al texto del uruguayo), un problema que viene desde Astengo en adelante. Porque de Borghi se podrán decir muchas cosas, pero al menos tenía claro qué era lo que esperaba de cada jugador y del equipo en conjunto, tenía un esquema claro y fijo que no andaba cambiando partido a partido, los jugadores jugaban en los puestos que les corresponden y no andaba inventando tonteras, en definitiva, todo un conjunto de factores que hacen que los jugadores, llegado el Domingo, tengan claro cada uno lo que tiene que hacer, y exista poco espacio para “arrancadas de tarros”. Tampoco se puede olvidar que el Polaco Dabrowski fracasó con la misma generación de jugadores (argumento que suele usarse para subvalorar al Bichi, que con esos jugadores cualquiera salía campeón), salvo Chupete y Vidal, este último juvenil promovido al primer equipo por el mismo Borghi.
En definitiva, el gran problema de sobrevalorar los “huevos”, específicamente la falta de ellos, como factor explicativo del mal momento del Cacique, no tiene ningún correlato con la realidad y más encima encubre que llevamos tres técnicos seguidos que nunca supieron lo que querían, nunca supieron si jugar con 3 o con 4 atrás, con dos volantes de salida o con uno, con laterales subiendo o más contenidos, con qué características, y así un largo etc.
Mingo Salcedo es un ejemplo muy ilustrativo. Extremadamente torpe con la pelota en los pies, pero un jugador con un corazón que no le cabe en el pecho, que las corre todas y mete la pierna siempre. Con Borghi tenía su función clarita, un libreto bien aprendido, que ejecutaba todos los fines de semana (marcar como tapón por la izquierda, y cada tanto desbordar con la ayuda del 10 de turno). Con Astengo, Barticciotto y Tocalli, uno de repente lo ve queriendo pasarse rivales en mitad de cancha, pateando de distancia, y obviamente, dada su poca habilidad, haciéndolo mal.
¿Es culpa de Salcedo eso? No. El caso de Salcedo es un síntoma, y una consecuencia lógica de un equipo que es presa de la más absoluta anomia. A los que más les duele perder, se la juegan con todo, y buscan siempre la aventura personal. En Colo Colo hoy prácticamente todos corren un montón, pero siempre buscando la aventura personal. Desde el fin de la era Borghi que no existe ningún director de orquesta que conduzca una aventura colectiva que permita contribuir el voluntarismo de los jugadores en un aporte hacia algo mayor. Y así es como uno ve a Miralles corriendo como perrito nuevo y queriendo pasarse hasta al gato, a Paredes definiendo ansioso y mal, a Millar estorbando al compañero que quiere pegarle al arco (en el partido con Ñublense eso pasó por lo menos unas tres veces), los jugadores amontonados arriba estorbándose, sin funciones claras, sin tareas asignadas. Y así un largo etc., como consecuencia de la falta de conducción.
Desde que terminó la era Borghi, no hubo nadie que sentara a Jara y le dijera que no era Elías Figueroa, que cuando la quitara se la pasara a alguien adelante suyo o la reventara pero que no empezara a tratar de querer ser hábil cuando no lo es (nos habríamos ahorrado muchos goles provocados por su culpa). Hoy no hay nadie que le diga a Salcedo que tiene que correr, quitar, y entregársela a alguien que sepa. A los centrales nadie les dice que la trampa del offside es un truco obsoleto y que requiere un nivel de fiato de por lo menos varios años. A Miralles, Paredes y Bogado nadie les dice que los de blanco son compañeros suyos y que existe la opción de dar pases.
En definitiva, Colo Colo nunca ha sido ni será un equipo donde falten huevos. Nadie que haya visto los últimos, pongámosle, tres partidos del Cacique, podría decir eso. Si faltaran huevos, ya estaríamos en Segunda, y que mejor muestra que el partido de hoy contra Ñublense, que fue 100% huevos y 0% fútbol. Lo que falta es una voz desde el banco que tenga alguna claridad de lo que quiere. Y está claro que alguien cuya única autocrítica es decir todos los fines de semana “el responsable soy yo”, que cambia de esquema como quien se cambia de polera, no da el ancho.
PD: Curiosamente, uno de los pocos que realmente se merece todas las críticas del universo por malo, pecho frío, intrascendente, jugar siempre para atrás, etc., no las recibe lo suficiente. Me refiero a Cereceda. Lo curioso es que, así y todo, en la Selección, si bien mantiene esos vicios, es bastante menos impresentable y a veces hasta aporta. Lo que confirma la enorme diferencia que hay entre tener una conducción con las ideas claras y un monigote que vive dando palos de ciego.
PD: Curiosamente, uno de los pocos que realmente se merece todas las críticas del universo por malo, pecho frío, intrascendente, jugar siempre para atrás, etc., no las recibe lo suficiente. Me refiero a Cereceda. Lo curioso es que, así y todo, en la Selección, si bien mantiene esos vicios, es bastante menos impresentable y a veces hasta aporta. Lo que confirma la enorme diferencia que hay entre tener una conducción con las ideas claras y un monigote que vive dando palos de ciego.