martes, 19 de mayo de 2009

Pasando el dato

No hay peor astilla que la del mismo palo

Para nadie que conozca el Departamento de Sociología de la Chile es un misterio que la elección de los profesores que se contratan, se suben a planta, se les quitan contratas, se les pega la PLR, o lo que sea, se define por cualquier cosa menos por una orientación académica seria, que nuestras autoridades hagan explícita, transparente, y sobre la cual se pueda siquiera pensar en discutir algo relevante. El clientelismo, el teje-maneje, el cumplimiento cortoplacista de indicadores, todas esas cosas son más importantes. Podrían venir Habermas, Luhmann y Bourdieu juntitos de la mano a hacer clases y les dirían que no, con excusas tan patéticas como "es que tienen que hacer jornada completa, si no, cagaron".

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domingo, 17 de mayo de 2009

Benedetti y Paganini

Corría el año 2002. Cursaba 1º Medio, era mi último año con clases en la tarde. Tenía un profe de Castellano muy especial, era de esos productos típico-ideales de la izquierda nacional-popular antes de que el 73 se fuera todo a la mierda. Lo recuerdo a fines de año haciendo pico a la lista de la "Asamblea de Izquierda" (pacto electoral que se armó para ganar el CAIN, y que apenas asumieron en Diciembre ya empezaron a pelearse y dividirse) en su pasada por salas porque una de sus demandas era "libertad corporal", onda eliminación de toda restricción de largo y color de pelo, y de uso del uniforme.

¿Qué chucha tiene que ver esto con Benedetti? Paciencia tener debes, joven padawan...

Bueno, este profesor se llamaba Alejandro Vargas, pero era conocido por todos bajo el apodo de "Paganini". Este sobrenombre se debía a que era así como llamaba (vaya uno a saber por qué chucha) a un particular sistema de coacción disciplinaria que implementaba. Consistía en que, cada vez que uno incurría en una falta, llámese conversar muy fuerte en clase, mirar la hora de manera demasiado burda, o no llevar el diccionario (el cual, cuando era necesario, pedía a todo el curso que lo mostrara con una canción bastante graciosa "¡todo el mundo arriba!" y ahí todos los weones levantando el diccionario), el profe en cuestión le asignaba un poema, el cual debía ser declamado al comienzo de la clase siguiente delante de todo el curso.

Esto llevaba una nota, de hecho al final de semestre había una nota adicional que promediaba todos los "Paganinis" en cuestión. Probablemente haya sido mi mejor nota, porque este viejo era bastante poco generoso con ellas.
Como podrá ser obvio para cualquier persona que me conozca un poco, a mi se me quedaba casi siempre el diccionario. Una vez se me quedó, y tratando de conseguirme me gané un "Paganini" por conversar, y después otro más por no tener el diccionario, teniendo que declamar dos poemas para la clase siguiente.

Todo esto es para decir que fue así como conocí a Benedetti, Paganini rallaba con Benedetti, el 99,9% de los poemas que encargaba eran de él, salvo un par de weás locas de Neruda. Si bien después leí "La tregua", y cuentos varios como el brillante "El puntero izquierdo" (plagiado descaradamente por la película "Historias de fútbol" de Andrés Wood, cuya primera historia ES ese cuento y no sale mención alguna a aquello), mi experiencia y mi ligazón afectiva con Benedetti viene dada por su poesía.

Las cinco "Cotidianas", que me encantaron cuando pendejo pero siento que en ese momento las entendí casi tan poco. Lo mismo con los "Trece hombres que miran". La maravilla del amor sincero entre dos personas, en tiempos en que es tan desplazado por el hedonismo-jalero-progre actual, puesta en poemas como "Hagamos un trato", "Táctica y estrategia", "Corazón coraza" o "Ustedes y nosotros". La crítica mordaz y demoledora a la cobardía de no quemarse con nada y no enfrentar la realidad como es y hacer algo por cambiarla, depositada en joyas como "Soy un caso perdido" y "Las viejitas democráticas". Y tantos, tantísimos otros, que devoraría en una antología que descubrí enterrada en mi casa, y que es imposible nombrarlos todos.

Jamás lo nombraron ni siquiera como pre-pre-pre-precandidato para un Nóbel. Se glorifica tanto a Nicanor Parra por haberle puesto el pomposo nombre de "Antipoesía" a la muy noble y valorable empresa de bajar la poesía del Olimpo, pero la poesía de Benedetti, que justamente es de una simpleza que conmueve, sin grandes pompas, sin tremendas ambiciones, pero con una capacidad comunicativa, de resumir sentimientos compartidos en frases notables, que realmente impresiona.

Benedetti provocó en mi el mismo efecto que años después lograría Fontanarrosa (que también murió hace como dos años), de una sensación de encanto con la literatura, de sentirla como una parte de mi, de que mis anhelos podían verse interpretados en ella, que esta no tiene por qué ser algo mega abstracto, fome, completamente ajeno y sin el más mínimo anclaje con mi realidad (como si lo es, por ejemplo, el requetecontra sobrevalorado Huidobro). Además, me recuerda a un Profesor con P mayúscula, de esos que hoy, entre tanto weón nefasto que no le ha trabajado un día a nadie, entre histéricas que son formalistas solamente cuando les conviene, entre gente barrera y mala clase, entre gente muy buena pero preocupada de pura mierda y no de lo realmente importante, en fin, entre tanto nefastismo académico e intelectual que me ha tocado de ver en el verteder
o al cual asisto todos los días y llamo "Facultad"... en fin, en medio de todo eso, se echa de menos gente como Paganini, en cuya pesadez constante se notara una preocupación genuina porque uno aprendiera y porque las cosas que decía te hicieran sentido.

Para cerrar este pequeño e incipiente homenaje, los dejo con quizás el poema que más me impactó cuando lo leí. Si lo leen y me conocen un poquito, entenderán por qué. Con ustedes, "La culpa es de uno".

La culpa es de uno


Quizá fue una hecatombe de esperanzas
un derrumbe de algún modo previsto

ah pero mi tristeza solo tuvo un sentido


todas mis intuiciones se asomaron
para verme sufrir
y por cierto me vieron


hasta aquí había hecho y rehecho
mis trayectos contigo

hasta aquí había apostado

a inventar la verdad

pero vos encontraste la manera

una manera tierna

y a la vez implacable

de desahuciar mi amor


con un solo pronostico lo quitaste

de los suburbios de tu vida posible

lo envolviste en nostalgias

lo cargaste por cuadras y cuadras

y despacito

sin que el aire nocturno lo advirtiera

ahí nomás lo dejaste

a solas con su suerte

que no es mucha


creo que tenés razón

la culpa es de uno cuando no enamora

y no de los pretextos

ni del tiempo


hace mucho muchísimo

que yo no me enfrentaba

como anoche al espejo

y fue implacable como vos

mas no fue tierno


ahora estoy solo

francamente

solo

siempre cuesta un poquito
empezar a sentirse desgraciado


antes de regresar

a mis lóbregos cuarteles de invierno

con los ojos bien secos
por si acaso

miro como te vas adentrando en la niebla
y empiezo a recordarte.

sábado, 16 de mayo de 2009

Vacío

Sábado en la noche. Estoy perdedoramente frente al PC, aún tosiendo con flema (pero ya menos). Y sobretodo, con una extraña sensación de vacío, con cierta tristeza por lo que se fue y no volverá. No, no se trata de un escrito en el cual daré cuenta de mis últimamente frecuentes crisis reales e imaginarias, así que si al lector casual no le gustan, puede suspirar aliviado. Estas líneas, y aquella sensación, se deben a que hoy (en realidad anoche, pero bajarlo de internet implica verlo un día después) ha llegado a su fin una serie increíble, que me ha acompañado mucho durante los últimos años. Ha terminado Prison Break. Y hay que rendirle un homenaje como corresponde.

Es extraña esa sensación de vacío de cuando algún producto cultural con el cual uno se ha involucrado en términos de consumo pero sobretodo en términos afectivos, cesa su producción para siempre. Harry Potter me provocó algo similar, y realmente fue el fin de una etapa, que empezó a los 12 años leyendo "La piedra filosofal". Y aquí pasa algo parecido.

No recordaba cual fue la última vez que vi específicamente una serie que me gustara llegar a su final-final-final (Friends no cuenta, la empecé a ver mucho después). Ahora hace un rato lo recordé gracias a un amigo: fue con Dragon Ball GT. Fue un final pésimo, muy recontra mamón, Goku yéndose al cielo montado en el Dragón, al cual solamente le pidieron que reviviera a la gente que había matado no recuerdo qué villano, pero no que reconstruyera los daños materiales, "para que la gente lo haga con su esfuerzo". Pero también después de verlo tuve esa sensación, de ver como esa fuente de emociones infantiles emitía su último fluido. Después me fui a clases (iba al colegio en la tarde por entonces).

Toda la serie ha sido increíble. Recuerdo noches hasta sumamente tarde en el verano santiaguino de hace como dos años viendo capítulos, cosa que resultaba incluso cansadora, por lo tremendamente adrenalínico de la serie, pero adictiva al máximo. Sin duda Prison Break está dentro de las mejores series humanas que he visto (Lost no cuenta porque es divina e incuestionable).

Y su final, específicamente su final... fue notable. Confieso que se me mojaron un poquitín los ojos. No diré nada más para no spoilear, pero me tengo que detener en el tremendo pedazo de personaje que es Michael Scofield. En una serie llena de violencia descarnada como la suelen tener las series gringas, el gran héroe, el que se logra salir con la suya contra viento y marea, no es el que tiene más fuerza física, sino el inteligente, el estratega. El enorme genio creativo de Scofield se impone a toda la maquinaria de millones y mercenarios armados de La Compañía. Y es por lo brillante que es este personaje en cuestión. Si las series fuesen un partido de fútbol, Michael Scofield sería una especie de Pibe Valderrama: un genio, que piensa la jugada dos segundos antes que el resto, y siempre se le ocurre algo impredecible, un pase perfecto, un golazo imposible.

Aparte de su genio impresionante, otra cosa que hace gigantesco a Michael Scofield es su emotiva frialdad. Es un personaje con un profundo amor por los suyos, superior, con mucho, al que se tiene a si mismo. Y es un amor sincero, no expresado con cariñitos efectistas, sino en siempre buscar la mejor solución para salvarlos a todos, y en un sacrificio a toda prueba, jamás eligiendo el camino fácil, desde el momento en que se metió a la cárcel con los planos de la cárcel de Fox River tatuados para sacar a su hermano.

En fin. Gracias por todo Prison Break!

"Be the change you want to see in the world"
(pequeño spoilercito codificado)